lunes, 28 de diciembre de 2009
La insoportable levedad del ser
jueves, 12 de noviembre de 2009
Báilame el agua

sábado, 24 de octubre de 2009
domingo, 11 de octubre de 2009
domingo, 27 de septiembre de 2009
viernes, 4 de septiembre de 2009
jueves, 30 de julio de 2009
No te rindas
miércoles, 8 de julio de 2009
martes, 7 de julio de 2009
"El gran estilo nace cuando lo bello obtiene la victoria sobre lo enorme"
Su capacidad de explicar lo inexplicable no es solo facinante, sino que muchas veces desestructura. A mi parecer, un personaje lo bastante oscuro y nada aburrido como para volverse encantador muy facilmente...
Creo que esta es mi manifestación explícita de admiración por su estilo, y no es casual que en estos días que mi inspiración y yo estamos distanciadas, haya elegido este fragmento.
Respecto a él, a veces uno puede perturbarse con su pensamiento, es una mezcla de amor y odio, uno se siente atrapado, perdido, por momentos puede sentir que vacila entre sus propios pensamientos y los que ese martillo quiere mostrar... pero creo que como en todo enamoramiento no hay que dejarse cegar por completo, y sin distanciarse de uno mismo, se puede disfrutar de un momento de extasis frente a la violencia de sus palabras...
ese hombre que quiero y detesto a la vez, es Friedrich Nietzsche, y lo que reproduzco a continuación es su experiencia acerca de la inspiración...
(Nietzsche, 1981, Ecce Homo)
¿Tiene alguien, a finales del siglo XIX un concepto claro de lo que los poetas de épocas poderosas denominaron inspiración? En caso contrario, voy a describirlo.
- Si se conserva un mínimo residuo de superstición, resultaría difícil rechazar de hecho la idea de ser mera encarnación, mero instrumento sonoro, mero medium de fuerzas poderosísimas. El concepto de revelación, en el sentido de que de repente, con indecible seguridad y finura, se deja ver, se deja oír algo, algo que lo conmueve y trastorna a uno en lo más hondo, describe sencillamente la realidad de los hechos. Se oye, no se busca; se toma, no se pregunta quién es el que da; como un rayo refulge un pensamiento, con necesidad, sin vacilación en la forma – yo no he tenido jamás que elegir. Un éxtasis cuya enorme tensión se desata a veces en un torrente de lágrimas, un éxtasis en el cual unas veces el paso se precipita involuntariamente y otras se torna lento; un completo estar-fuera-de-sí, con la clarísima consciencia de un sinnúmero de delicados temblores y estremecimientos que llegan hasta los dedos de los pies; un abismo de felicidad en que lo más doloroso y sombrío no actúa como antítesis, sino como algo condicionado, exigido, como un color necesario en medio de tal sobreabundancia de luz; un instinto de relaciones rítmicas que abarca amplios espacios de formas – la longitud, la necesidad de un ritmo amplio son casi la medida de la violencia de la inspiración, una especie de contrapeso a su presión y a su tensión… Todo acontece de manera sumamente involuntaria, pero como en una tempestad de sentimiento de libertad, de incondicionalidad, de poder, de divinidad. La involuntariedad de la imagen, del símbolo, es lo más digno de atención; no se tiene ya concepto alguno; lo que es imagen, lo que es símbolo, todo se ofrece como la expresión más cercana, más exacta, más sencilla.
Parece en realidad, para recordar una frase de Zaratustra, como si las cosas mismas se acercasen y se ofreciesen para símbolo («Aquí todas las cosas acuden acariciadoras a tu discurso y te halagan: pues quieren cabalgar sobre tu espalda. Sobre todos los símbolos cabalgas tú aquí hacia todas las verdades. Aquí se me abren de golpe las palabras y los armarios de palabras de todo ser: todo ser quiere hacerse aquí palabra, todo devenir quiere aquí aprender a hablar de mí.») -
Ésta es mi experiencia de la inspiración; no tengo duda de que es preciso retroceder milenios atrás para encontrar a alguien que tenga derecho a decir «es también la mía»
viernes, 22 de mayo de 2009
Pequeño homenaje a un gran poeta

estás llegando a mi lado
y la noche es un puñado
de estrellas y de alegría
palpo gusto escucho y veo
tu rostro tu paso largo
tus manos y sin embargo
todavía no lo creo
tu regreso tiene tanto
que ver contigo y conmigo
que por cábala lo digo
y por las dudas lo canto
nadie nunca te reemplaza
y las cosas más triviales
se vuelven fundamentales
porque estás llegando a casa
sin embargo todavía
dudo de esta buena suerte
porque el cielo de tenerte
me parece fantasía
pero venís y es seguro
y venís con tu mirada
y por eso tu llegada
hace mágico el futuro
y aunque no siempre he entendido
mis culpas y mis fracasos
en cambio sé que en tus brazos
el mundo tiene sentido
y si beso la osadía
y el misterio de tus labios
no habrá dudas ni resabios
te querré más
todavía.
Mario Benedetti


